BOSQUES DE LA RIOJA.
MEMORIA VIVA DEL TERRITORIO
NATALIA ORTEGA
El material procede de árboles que cayeron por causas naturales al terminar su ciclo vital o de intervenciones en talas controladas. Cada pedazo conserva los anillos de crecimiento, las grietas y las marcas que el clima fue dejando en su superficie. Para trasladar esa textura al papel, la artista aplica primero la técnica japonesa Shou Sugi Ban, que utiliza el fuego para quemar la superficie de la madera y sacar a la luz sus relieves. Después, entinta el bloque y estampa la imagen de forma manual sobre el papel.
En esta ocasión, la muestra no enseña únicamente la lámina terminada. Junto al papel cuelgan los bloques originales, algunos carbonizados por la llama, otros tintados o en su estado natural. Esta convivencia permite ver el proceso completo y entender cómo las irregularidades de un tronco concreto terminan convertidas en el trazo de una obra.
Al situarse frente a los grabados, la madera deja de ser un simple soporte técnico y activa la memoria personal. Las siluetas impresas buscan traer de vuelta imágenes cotidianas que todos guardamos: el árbol bajo el que jugábamos de niños, la sombra donde descansábamos en verano o aquel que marcaba el camino habitual de regreso a casa.

